Con la llegada del buen tiempo, es habitual pasar más tiempo en la playa o en la piscina. Sin embargo, una de las dudas más frecuentes que surgen en esta época es: ¿qué debemos comer antes y después de nadar? Aunque muchas veces se recurre a consejos populares o creencias heredadas, lo cierto es que hay fundamentos nutricionales que conviene conocer para disfrutar del agua con seguridad y bienestar.
Antes de nadar: energía sin pesadez
Lo ideal es evitar comidas copiosas justo antes de bañarse. El sistema digestivo necesita trabajar con calma, y una digestión activa puede dificultar la redistribución del flujo sanguíneo necesaria para el ejercicio físico, incluso si este es moderado como nadar.
Lo recomendable es ingerir alimentos de fácil digestión entre una y dos horas antes del baño. Una merienda ligera rica en carbohidratos simples y algo de proteína puede ser una buena opción. Por ejemplo, una pieza de fruta, un yogur natural o una tostada con aguacate. Estas opciones aportan energía sin sobrecargar el aparato digestivo.
Es importante mantenerse bien hidratado. Beber agua antes del baño ayuda a evitar la deshidratación, sobre todo si se va a estar mucho tiempo al sol.
Después del baño: recuperación y rehidratación
Tras nadar, especialmente si la actividad ha sido prolongada o intensa, el cuerpo necesita reponer líquidos, sales minerales y energía. Una comida o merienda equilibrada que incluya hidratos de carbono, proteínas y grasas saludables es clave para una buena recuperación.
Una buena opción puede ser una ensalada con legumbres, cereales integrales o una porción de proteína magra (como huevo o pescado), acompañada de fruta fresca y agua o infusión. Evita comidas muy grasas o excesivamente procesadas, ya que pueden provocar una sensación de pesadez o malestar.
¿Y qué pasa con el corte de digestión?
El famoso «corte de digestión» no es exactamente un proceso digestivo que se detiene, sino una reacción llamada hidrocución. Esta ocurre cuando el cuerpo entra en contacto brusco con el agua fría, especialmente después de haber comido en abundancia o tras una exposición prolongada al sol. La clave para prevenirla está en evitar contrastes extremos de temperatura y no entrar al agua de golpe. También es aconsejable esperar entre una y dos horas tras una comida completa antes de meterse en el agua.
Una alimentación adecuada antes y después del baño ayuda no solo a mejorar el rendimiento físico y el confort, sino también a prevenir situaciones de riesgo. Comer con moderación, elegir alimentos ligeros y ricos en nutrientes, y respetar los tiempos de digestión son las mejores estrategias para disfrutar del agua sin contratiempos.
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